El Galeón San José. Una historia Mas allá del Oro

ESTEFANÍA FAJARDO DE LA ESPRIELLA.

 

Las hipótesis en torno al hundimiento de la embarcación, hundida en 1708, son varias. Expertos narran cómo esta flota española llegó a Cartagena.

Florentino Ariza le contó en sus cartas a Fermina Daza que estaba en la misión de rescatar un tesoro sumergido como muestra de su amor. Su idea, dice en los mensajes, era bajar hasta las profundidades y explorar un galeón hundido cerca a Cartagena, todo con el fin de estar en pie de lucha por el corazón de Fermina.

Una historia perfectamente descrita por Gabriel García Márquez en su obra El amor en los tiempos del cólera, que evoca aquella nave que ha sido motivo de disputa en los últimos años, pero que durante décadas ha estado en la memoria de los habitantes de la región Caribe: el Galeón San José.

“El viernes 8 de junio de 1708, a las cuatro de la tarde, el galeón San José que acababa de zarpar para Cádiz con un cargamento de piedras y metales preciosos por medio millón de millones de pesos de la época, fue hundido por una escuadra inglesa frente a la entrada del puerto, y dos siglos largos después no había sido aún rescatado. Aquella fortuna yacente en fondos de corales, con el cadáver del comandante flotando de medio lado en el puesto de mando, solía ser evocada por los historiadores como el emblema de la ciudad ahogada en los recuerdos”, es la historia contada por el Nobel colombiano.

En torno a este, llamado ‘El santo grial de los naufragios’ y del cual se notificó su hallazgo oficialmente el 27 de noviembre de 2015, se tejen hipótesis de su hundimiento en medio de la llamada Batalla de Barú. Una habla de cañonazos por parte de los británicos y otra de una resistencia a perder y posterior decisión de implosionar la nave.

El comodoro inglés Charles Wager fue el encargado de dar la orden de hundir el galeón San José, el barco bajo el mando del almirante José Fernández de Santillán y cargado con 600 personas —de los cuales sobrevivieron 11, que fueron rescatados por los británicos—, frente a las islas del Rosario en la batalla que tenía como fin apoderarse de los tesoros españoles que allí transportaban.

Sin embargo, Wager —que a su regreso a Inglaterra fue ascendido como Primer Lord del Almirantazgo— relató después que la embarcación se fue a pique con todas sus riquezas como consecuencia de una fuerte explosión originada en la misma embarcación.

No se sabe muy bien si se trata del depósito de pólvora llamado Santa Bárbara, que por alguna chispa estalla, o si en el intercambio de cañones explota el barco y por eso su hundimiento.

Esta caída duró, según narran a su regreso, “el tiempo en que se pudiera rezar un credo”. Y los británicos no consiguieron nada del tesoro, que ahora está en aguas colombianas y busca ser explorado.

Esta historia que asombró a Florentino Ariza, según cuenta García Márquez, años después de escucharla “le alborotó las ansias de rescatar la fortuna sumergida para que Fermina Daza se bañara en estanques de oro”.

Relatos que fueron retomados esta semana en un conversatorio desarrollado en el Museo Mapuka de la Universidad del Norte. Allí un grupo de expertos recordó la importancia de esta “cápsula del tiempo” encontrada en nuestras aguas.

 

Historia

El San Joaquín era el barco gemelo del San José. Dos barcos de diseño idéntico que viajaron a América.

España entre 1700 y 1713 estaba en guerra, la de sucesión española y causante del hundimiento.

En tiempos de guerra la circulación de las flotas se interrumpían porque estar paseando un barco cargado de mercancía valiosa en un trayecto de más de un mes con oportunidad que una flota enemiga lo capture no era lo mejor.

El Galeón San José llevaba una carga tan valiosa, explica José Manuel Espinosa, director del departamento de Historia y Ciencia de la Universidad del Norte, porque la corona española lo envió con la recaudación de los impuestos de América después de varios años de pausa por la guerra. “Pero en un punto España empezó a necesitar los caudales de América. En 1706 se decide mandar una flota para recaudar todo lo acumulado”.

Juan Guillermo Martín, arqueólogo y director del Museo Mapuka, agrega que “un barco de estos más pesado hace más difícil su maniobra”.

“La Carrera de Indias —el camino fijado para viajar hasta América— venía por la plata del virreinato de Perú, que es el más próspero de Sudamérica, que incluye las minas de Potosí, los cargamentos de la actual Colombia, cosas del actual Ecuador, todo eso salía a través de Lima”, cuenta Espinosa. Ese recaudo se llevó del Puerto de Lima al Callao y luego por barco hasta Panamá, y la manera en que llegaría a España —que debía ser por el Caribe— la mercancía cruzaría por tierra hasta Portobelo. Ahí los barcos venden sus productos y cargan de vuelta los artículos americanos, metales preciosos y caudales.

“Pero hubo un problema”, cuenta Espinosa. Portobelo, aunque era un sitio muy seguro, era una bahía estrecha y llena de montañas lo cual la hacía insalubre y teniendo en cuenta que era un recorrido que duraba mucho tiempo, se establecía que los barcos esperaban la plata en Cartagena, otra bahía segura y más salubre, con una ciudad más grande donde se obtenían suministros más fácil.

En 1708 se decidió de manera temeraria ir a Portobelo después de estar dos años en Cartagena, cargar los barcos con los metales preciosos y a la vuelta, cuando vinieran con el tesoro, llegando al puerto estarían esperando los ingleses para capturar la flota.

“Los ingleses llegaron con naves de guerra que eran mucho más rápidas, ligeras y preparadas para tomar lo que traían los barcos”, sostiene Martín.

Es importante conocer que el cargamento de metales preciosos no se distribuían por igual entre los barcos —que eran de distintos tamaños y armamentos—. “Este iba en los barcos más protegidos, los que estaban mejor armados y llevaban más cañones, es decir, la nave capitana y la almiranta, en este caso el San José era la capitana y el San Joaquín la almiranta”, asegura.

A eso se le suma las perlas que salieron del Archipiélago de las Perlas, en el pacífico panameño, y los bienes de los civiles que viajaban en estos barcos, dice Martín. “No solo se movía carga de la corona, sino que viajaban particulares con sus objetos más preciados”.

Datos que también aprendió Florentino. Que era la nave insignia de la Flota de Tierra Firme, y había llegado procedente de la feria legendaria de Portobelo, en Panamá, donde había cargado parte de su fortuna: trescientos baúles con plata del Perú y Veracruz, y ciento diez baúles de perlas reunidas y contadas en la isla de Contadora.

Los ingleses ya sabían cuáles eran los barcos donde estaban los tesoros y por eso se fueron directo por el San José.

El San Joaquín logró librarse de la emboscada e ingresar a la bahía de Cartagena para protegerse, mientras que el San José intentó regresarse, pero no lo consiguió.

 

Contexto arqueológico

“Ese contexto arqueológico sin intervención es un tesoro”, asegura el director del Mapuka.

Se trata de los pocos galeones que participaron de la Carrera de Indias y por ello se podría investigar desde una perspectiva científica, puesto que “la mayoría de galeones justamente por la carga que tenían han sido saqueados desde los años 70 en el Caribe, y el saqueo por parte de los cazatesoros ha destruido para siempre los contextos arqueológicos para entender e interpretar”.

“La ventaja del sitio donde yace el Galeón, que es a más de 600 metros de profundidad, es que está en un contexto ambiental que ha garantizado una conservación importante de los restos”. En otros lados los cazatesoros han llegado porque los naufragios están poco profundos. Este puntualmente es muy profundo y ha garantizado que se mantenga sin tocar 300 años después y “conviene para que se pueda recuperar toda la información del caso”.

Gabo narró que durante el tiempo que permaneció aquí, cuyos días y noches habían sido de fiestas populares, “cargaron el resto del tesoro destinado a sacar de la pobreza al reino de España”. Ahora, más allá de una muestra de amor de Florentino a Fermina, es la reconstrucción de lo que era la sociedad para ese momento. Un tesoro más allá de las perlas y el oro.

 

Proyecto

Dentro de las alternativas que hay para conocer los secretos del galeón está el de un robot subacuático. William Gómez, exoficial y oceanógrafo, explica que esta alternativa permitirá a través de la tecnología explorar la zona previamente, conocer cómo se encuentra la embarcación y demás. Una muestra de los avances tecnológicos en el campo de la arqueología subacuática.

 

Fuente: El Heraldo

https://www.elheraldo.co/entretenimiento/galeon-san-jose-una-historia-mas-alla-del-oro-564970