Un tesoro de desilusiones. La disputa tal vez se prolongue por muchos años

Cecilia Rodríguez.  28 de octubre 2011.

LUXEMBURGO. Cuando lo leí en EL TIEMPO hace unos días no podía creer que el litigio épico sobre el galeón San José, acerca del cual escribí muchos artículos hace tantos años que ya no recuerdo, siga vivito y coleando.

 

Esta vez fue una corte de Washington la que falló en favor de Colombia contra la empresa norteamericana Sea Search Armada (SSA), que reclama una indemnización billonaria por incumplimiento de contrato tras décadas de tortuosas luchas jurídicas, intermediaciones, acuerdos y desacuerdos con 7 diferentes gobiernos colombianos, por el derecho a rescatar el San José del fondo del mar, donde supuestamente aún reposa cargado de tesoros.

 

Por lo que Jack Harbeston, el director de SSA, probablemente desea sobre todo ser compensado es por las desilusiones sufridas durante los más de 25 años en que el mítico barco ha sido como un ancla amarrada a los tobillos de la compañía y la razón de demandas legales, frustraciones, decepción, mala fe, desconfianza, traiciones, peleas internas y tragedias personales, porque muchos socios e inversionistas perdieron sus fortunas en la caza del tesoro y otros murieron sin ver cumplido su sueño.

 

Recuerdo cuando entrevisté a Pete McCloskey, ex congresista y optimista abogado de SSA en California, para un artículo sobre el galeón que estaba escribiendo para una revista norteamericana en 1990. De acuerdo con el principal socio colombiano de esa época, Álvaro Leyva, y sus contactos, el arreglo estaba finalmente en camino. Con la ayuda de un abogado colombiano y después de repartir ‘mordidas’ a diestra y siniestra, tenían la promesa de congresistas, un ministro y varios militares de alto rango de que SSA iba a recibir el permiso de rescate y 50 por ciento del tesoro. La lista de inversionistas gringos incluía actores, congresistas, empresarios y funcionarios del gobierno norteamericano. SSA les había ofrecido ganancias del 40 por ciento. Poco después de esa entrevista, el entonces presidente, Virgilio Barco, declaró que SSA era un nido de pirañas y que no iba a permitir el saqueo del San José. SSA estaba fuera del juego. “Murió de desilusión”, me dijo la esposa de Jim Banigan, uno de los miembros fundadores de SSA, quien perdió su fortuna en la búsqueda del galeón. “Al final decía que si hubiéramos obtenido el tesoro, habríamos perdido el alma.”

 

La del San José es una historia de más de 300 años de ambición, rapacidad y codicia, que ha producido muchas desilusiones y desencantos desde cuando fue hundido no lejos de Cartagena en junio de 1708 por la armada británica. Primero, la desilusión de la corte del rey Carlos V en España, que esperaba las riquezas provenientes de las colonias para pagar la guerra que sostenía con Gran Bretaña. Luego, la amarga desilusión de los británicos, que aspiraban a capturar el barco y no a hundirlo. Desde entonces, la leyenda del tesoro más valioso conocido en la historia del hemisferio occidental ha inflamado la imaginación de muchos aventureros, buscadores de tesoros, inversionistas, políticos, piratas, delincuentes y hombres de negocios honestos y deshonestos, cuyos proyectos de enriquecimiento han terminado en nada.

 

Y, finalmente, la desilusión de gobiernos y ciudadanos colombianos, que han soñado con la posibilidad de solucionar los más graves problemas del momento en el país con el cargo de riquezas legendarias sin que hasta ahora, al menos oficialmente, se haya verificado su existencia o encontrado los medios para rescatarlas. Afiebrados estimativos del valor actual lo calculan en 10.000 millones de dólares.

 

La disputa tal vez se prolongue por muchos años. En su libro ‘El tesoro del San José’, Carla Rhan Phillips, profesora de historia en la Universidad de Minnesota, al igual que otros buscadores de tesoros, duda de que el galeón haya sido localizado. Y si lo fue, como asegura SSA, yo, lo mismo que varios lectores de este diario, dudo de que todavía esté ahí después de 26 años.

 

Soñar no cuesta nada.

 

 

Fuente: El Tiempo.

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-10660305